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abril 20th 2024, sábado
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Los denominados cereales de invierno son el trigo, la cebada y la avena, de los que Castilla y León posee más de la tercera parte de la superficie nacional. Se denominan de invierno porque la siembra se produce entre octubre y febrero, que en nuestras latitudes son los meses de más frío.

La avena (Avena sativa L.) es una gramínea que ocupa el sexto lugar en la producción mundial de cereales. Se cultiva ampliamente con el propósito de producir grano para el consumo humana y también para forraje para la alimentación animal. Se considera una planta que crece y se desarrolla en la estación fría. Posee unas raíces más abundantes y profundas que los demás cereales. Esto le permite aprovechar mejor los nutrientes del suelo y requiere menos aportes de fertilizantes. Los tallos tienen poca resistencia al vuelco pero en cambio, un buen valor forrajero. La planta completa puede alcanzar desde 0.60 m hasta 1.50 m de altura.

Es una planta rústica, poco exigente en suelo, pues se adapta a terrenos muy diversos. Prefiere los suelos profundos y arcillo-arenosos, ricos en cal, pero sin exceso y que retengan humedad. La avena está más adaptada que los demás cereales a los suelos ácidos, cuyo pH esté comprendido entre 5 y 7, por tanto, suele sembrarse en tierras recién roturadas ricas en materias orgánicas.

El uso de fertilizantes nitrogenados mejora la producción y el peso, aumentando el rendimiento y la proteína del grano.

Las plagas y enfermedades en los cultivos, en ocasiones, pueden suponer importantes trastornos, comprometiendo la rentabilidad de esas explotaciones agrícolas. El cuidado es fundamental.

Este año la caída de la producción se debe al estrés que han sufren los cereales a lo largo de todo su ciclo vegetativo, debido principalmente a la falta de lluvia y al calor del verano.